domingo, 28 de noviembre de 2010

Sauna espiritual (4): El lapacho colorado del nqataGak

Sauna espiritual (4)[1]

El lapacho colorado[2] del nqataGak[3]

[Café Hispano recomienda descargar este artículo en PDF.]


[1] En este capítulo, si deseas realizar una lectura al estilo occidental, deberás depender de las notas a pie de página. Si anhelas disfrutar del género literario de Qohelet, preñado de poesía y oralidad, lee pausadamente el cuerpo de texto. En dicha sección recurro a la estructura discursiva propia de los indios Toba del Gran Chaco porque se asemeja mucho más a la realidad literaria del libro en estudio. Los toba (“frente” en guaraní, porque además de ser dolicocéfalos se afeitaban la parte delantera de la cabeza) son una etnia que se destaca por su respeto a la transmisión de tradiciones con las palabras justas. Aprecian casi tanto los silencios como el sonido, lo que nos acerca a la comunicación de otras épocas, cuando el tiempo no importaba demasiado.

[2] El lapacho colorado es un árbol sumamente mitológico en la cultura toba. Representa aquello que es capaz de estar en los dos mundos de su cosmología: el celeste y el terreno. Se me antoja que tiene su similitud con la literatura sapiencial de la Biblia porque ésta suma la perspectiva de lo divino con la de lo humano. Los textos sapienciales, y Qohelet se enmarca en uno de ellos, discuten entre el conflicto de la macrohistoria (lo transcendente y universal) y la microhistoria (lo más inmanente y local), entre los grandes ejes de la religión y las vivencias cotidianas. Es por ello que textos como Job, Qohelet, Lamentaciones o Daniel se preguntan sobre el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, el devenir de la historia y, como es el caso de Qohelet, qué es lo realmente importante en la vida. Qohelet, como el lapacho colorado, hunde sus raíces en la contemplación de lo diario y, tras extenderse por las ramas del cuestionamiento, nos eleva a lo esencial: Dios.

[3] El nqataGak es un tipo de discurso que se emplea en los consejos toba para instruir a los jóvenes en el camino correcto. Suele responder a una estructura asimétrica, versificada, con notables paralelismos, intensas pausas y gran afecto. Aunque es de corte autoritativo, propone opciones positivas para alcanzar, como la cocina de una madre, las hamae’ (“cosas dulces”). Recurre, como encabezamiento, a los diminutivos procurando una cercanía afectiva y actitud ética. Estamos ante un ejemplo de sabiduría constructivista. Cf. Cristina Messineo, “Estructura retórica, recursos lingüísticos y función social del nqataGak (consejo toba)”, Signos42, 70 (2009): 197-218.

[4] La cosmología toba se establece en dos grandes planos: na’ y pueg.Na’ hace referencia al plano superior que se identifica con el día y la luz,pueg con el inferior y la oscuridad. No son planos opuestos físicamente sino existencialmente. En el na’ se encuentra el cielo (pigüen l’ec) y el mundo de los hombres (qom l’ec pi, qom es como los toba se denominan a sí mismos). En el pueg se encuentra la condición no humana (pueg l’ec pi). Cf. Ezequier Ruiz Moras, “Ecosofía, etnohistoria y cosmología entre los toba takser del Chaco Central”, Scripta Ethnologica 23 (2001): 201-229. Qohelet expresa, a su vez, la existencia desde dos planos: lo fútil y lo realmente transcendente. Todo discurre bajo el sol, en el tablero de este mundo, con la valoración de “flash backs” y reflexiones de Salomón. Esas experiencias expresan las luces y las sombras de la condición humana en contraste con lo permanente.

[Inicio del cuerpo de texto. El resto de notas a pie de página se encuentra al final]

Hijito:

Una generación se va

otra generación llega,

y la tierra

siempre está.

Sale el sol

y el sol se oculta

y regresa al lugar

por donde salió.

Va hacia el sur

y, después, vuelve al norte,

va y viene;

va el viento

y, en sus vueltas,

el viento vuelve.

Todos los ríos llegan al mar

pero el mar no se llena;

al sitio donde los ríos van,

allá ellos vuelven a ir.

Todas las cosas cansan

más de lo que se puede contar.

Ni se cansa el ojo de ver,

ni el oído de oír.

Lo que fue,

será;

lo que se hizo,

se volverá a hacer.

No hay nada nuevo

bajo el sol.[5]

Presta atención.[6]

Pingüen l’ec

Hijito:

Lo mejor es la sabiduría

con herencia,

y de beneficio

para quienes ven el sol.[7]

Puedes estar a la sombra

de la sabiduría

o del dinero,

pero la sabiduría da vida

al que la tiene.

Considera lo que hizo Dios,

¿alguien podrá enderezar

lo que él torció?

Disfruta de los buenos momentos

cuando te lleguen

y reflexiona con los adversos.

Ambos son cosa de Dios.

Nunca se sabe

lo que te ha de llegar.[8]

Este es mi consejo.

Qom l’ec pi

Hijito:

Grandes obras hice,

construí casas,

planté viñas,

cultivé huertos,

cármenes,[9]

donde puse frutales

de toda clase.

Hice aljibes

para regar la multitud

de árboles que allí crecían.

Compré esclavos y esclavas,

tuve criados,

mucho más ganado,

mayor y menor,

que aquellos

que me precedieron

en Jerusalén.

Acumulé dinero,

tesoros de reyes y reinos.[10]

Me hice de cantantes,

y disfruté

las delicias de los hombres:

un harén.[11]

Mucho me engrandecí,

más que todos los anteriores

de Jerusalén,

y seguía teniendo sabiduría.

No le negué nada a mis ojos,

ni prive mi corazón

de ningún placer.

Disfruté de todo lo que hice

y fue lo único[12] que saqué.[13]

Presta atención

Pueg

Hijito:

Igual que los animales

acaban los hombres,

tienen el mismo fin,

ambos mueren

y ambos tienen vida.

No es superior el hombre

a los animales,

todo es instante,

y todo va al mismo lugar.

Surgió del polvo

y al polvo volverá.[14]

Sé consciente.

Pingüen n’onaxa[15]

Hijito:

Observé las opresiones

que se dan bajo el sol.

Vi a los oprimidos llorar

sin consolador,

del lado de los opresores

estaba la fuerza

y no tenían consolador.[16]

Pensé que los muertos

que murieron

estaban más felices

que los vivos

que viven.

Mejor aún para los nonatos

porque no han visto

la maldad bajo el sol.[17]

Este fue mi mirar.

Pueg l’ec pi[18]

Hijito:

Mucho se esfuerza el hombre

para comer

pero no se sacia nunca.

¿Qué beneficio tiene

el sabio sobre el necio?

¿Qué gana el pobre

que sabe

enfrentarse a la vida?

Más vale la realidad

que lo imaginado.

Es fugaz,

perseguir el viento.

Las cosas que existen

ya están catalogadas.[19]

Sabemos lo que es el hombre

y no se puede luchar

con el que nos supera.

Aumentan las palabras,

Aumenta la fugacidad.

¿Qué se gana con eso?

¿Quién sabe lo que conviene

al hombre

a lo largo de su fugaz vivir,

donde pasa como sombra?[20]

¿Quién puede decir al hombre

qué sucederá tras de sí

bajo el sol?[21]

Hasta aquí llega mi mirar.

Nawe epaq[22]

Hijito:

Recuerda a tu Creador

mientras eres joven,

antes de que lleguen

los días adversos,

los años en que digas:

“No les encuentro placer”;

antes de que se oscurezcan

el sol, la luz,

la luna, las estrellas;

antes que vuelvan las nubes

tras la tormenta...

Instante de instantes,

decía Qohelet,

todo es un instante...

Al final, éste es el discurso:

Ya se ha dicho todo.

Respeta a Dios,

guarda sus mandamientos

porque, eso es todo el hombre.[23]

Dios juzgará[24] toda obra,

incluso la secreta,

sea buena o mala.[25]

Este, hijito, es mi consejo

para que se alargue tu vida.

Libertador S. Martín,
el día en que la selección española de fútbol ganó el mundial del 2010

[5] Qoh 1, 4-10 (las traducciones son del autor).

[6] El final de las secciones, en la retórica toba, concluye con breves oraciones de consejo o exhortación.

[7] “Estar bajo el sol”, “ver el sol” son expresiones que se acercan mucho a los pueblos de la antigüedad (y a los toba) y refleja el mundo de las personas vivas físicamente.

[8] Qoh 7, 11-14.

[9] El jardín con hortalizas (carmen) es usual en la cultura semita y mediterránea.

[10] Lit. “provincias”.

[11] La expresión es difícil de traducir y parece que puede hacer referencia a numerosas mujeres.

[12] Aunque el texto pueda parecer negativo, no tiene que serlo obligatoriamente. Salomón deja las cosas claras: “Hay lo que hay, ni más ni menos”.

[13] Qoh 2, 4-10.

[14] Qoh 3, 19-20.

[15] Hará unos 4000 años, entre Santiago del Estero y el sur del Chaco, cayó un meteorito creando el “campo del cielo” (pingüen n’onaxa). Los toba pensaban que eran gotas de sudor del sol y que éste era un espacio de conexión entre lo terrestre y lo celestial. El evento produjo grandes incendios que, a su vez, generaron un segundo mito: el del lapacho colorado. Éste es un árbol que sobrevive al fuego y que, por ello, se impregna de connotaciones. El mundo, para Qohelet, es como un gran “campo del cielo”, inmerso en injusticias, irregularidades y situaciones incomprensibles. Por eso representa, como pocos textos, la esencia de lo sapiencial: ¿cómo explicar el incendio de la existencia frente a los atributos positivos de la deidad? El resultado, como en Job, es que la mirada (conocimiento) humana tiene un límite.

[16] También se podría traducir como “vengador”.

[17] Qoh 4, 1-3.

[18] Para Qohelet, la “condición no humana” es no ser capaz de percibir que el instante es simplemente instante, que ni el conocimiento, ni las riquezas, ni el poder, ni el placer duran más que lo que tienen que durar. El hombre es criatura y tiene límites.

[19] Texto de difícil traducción. Lit. “ya tienen nombre”.

[20] En la literatura judía, un símbolo de fugacidad es la sombra de las aves. Cf. Sal 144,4; GnR 96,2; Tanj wayüHî 1; TanjB wayüHî 2 y, obviamente, QohR 1,2,1.

[21] Qoh 6, 7-12.

[22] Hay una solución en la mitología toba para hallar las respuestas, encontrar la luz: el nawe epaq (el itinerario que nos oferta el lapacho colorado). Para Qohelet sólo existe una posibilidad de superar el instante: respetar a Yhwh y guardar sus mandamientos. No hay otro camino para el hombre que lo lleve de la oscuridad a la luz porque lo único que sobrevive al flamígero devorar del instante es Dios.

[23] Sólo los ancianos toba podían señalar hacia el arco iris, era tabú para los demás. Sólo Salomón, el anciano más sabio de los hombres, se atreve a señalar hacia la naturaleza humana y advertir que no somos dioses, que existimos en el instante. Rompe el tabú de una percepción equivocada para que, a diferencia de los toba, todos podamos señalar hacia el arco iris.

[24] Como buen texto sapiencial, concluye en la macrohistoria. El clímax de la comprensión de la existencia humana, cuando la percepción localista se disipa, es el día del juicio. En el tiempo del juicio todos los planos del conocimiento se aúnan y se percibe con claridad la razón de todas las cosas.


Sauna Espiritual (3): La TeLEGOlogía y sus principios

Hoy he sentido la cuadratura del círculo, y eso que hacía mucho frío. Ya me había pasado antes (en el húmedo momento del bautismo, en el primer e inocente beso a mi novia, en la hora del accidente, en el paseo compartido, en el Ponte Vecchio de Florencia tomando un indescriptible helado de higo) pero no termino de acostumbrarme. ¡Es tan vital!

[Debido a limitaciones técnicas y con tal de apreciar no solo el fondo, sino también la forma del texto, se recomienda leer este mismo capítulo de Sauna espiritual en formato pdf.]

Regresaba del cruce que me sirve de referente cada mañana, donde se enfrentan las rutas y el último banco de cemento indica que la vía aeróbica finaliza. La escarcha abandonaba su sólida rigidez y se derretía ante los dorados y débiles rayos del albor, se hacía más posmoderna: rocío. Un inmenso eucalipto, tras abandonar cortezas carmesíes, jugueteaba con el intenso azul de fondo. El pasto amarilleaba y me hizo ser consciente de que comenzaba el invierno. Un ternerito, desgarbado y temeroso, acudió hasta su madre cuando me paré. Había comenzado a sonar, capricho de los juegos aleatorios de mi mp3, aquella canción. Evito las hipocresías, me agradan las melodías, suavonas y sin percusión, de Jesús Adrián Romero. Y ésta, ésta toca mi corazón.

Espérame por la mañana
antes de que salga el sol.
Antes que comience el día
quiero darte mi canción.

Espérame cuando las aves
aún empiezan a cantar.
Cuando todo está en silencio
yo contigo quiero hablar.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.
Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Espérame desde temprano.
Yo no quiero el día empezar
sin estar en tu presencia,
sin saber que cerca estás.

Espérame que necesito
tu mirada sobre mí.
Llenas todos mis anhelos
sólo así puedo vivir.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.
Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Espérame.

Espérame, Jesús, por la mañana.
Amado mío, espera, allí estaré.

Espérame.

Y era como si Dios, el Señor de miríadas de universos, me mirara con complicidad y me dijera: “Venga, que te espero.” He acelerado los pasos de mi alma y he sentido que todo encajaba, que cada pieza estaba en su sitio, que el puzzle de la vida me mostraba su paisaje. Y, una vez más, he comprendido que era mucho más sencillo de lo que tendemos a pensar, que un momento de felicidad apenas si precisa cosas, basta con su presencia.
Rodeado de las tímidas emanaciones de la hojarasca, de la bruma huidiza de una noche acabada y del vaho de mi interior, me he sabido conocedor de la grandeza de Abel, vapor hecho carne, y de la sabiduría de Salomón, vapor hecho palabra. Entonces, con la precaución de los que se encuentran en un espacio santo, he susurrado: “Vapor de vapores, todo es vapor”.

Espérame por la mañana
antes de que salga el sol.
Antes que comience el día
quiero darte mi canción.

Me imagino que su taller sería como el del Santa Claus de Habdon Sundblom pero en danés. Todo surgió en Billund, mientras construía muebles para los lugareños, Ole Kirk Christiansen se dio cuenta de que tenía cierta habilidad a la hora de crear juguetes de madera y comenzó a fabricar miniaturas de tablas de planchar y de escaleras. Las réplicas se multiplicaron exponencialmente hasta que decidió dedicarse al hermoso arte de crear diversión para los infantes. En 1934 llega LEGO con el objetivo de presentar un material sumamente educativo (el término resume la expresión danesa “leg godt” que significa “jugar bien”). La pieza permitía la posibilidad de ensamblarse con otras y formar multitud de figuras. En 1949, los bloques cambian de material y pasan al plástico. La expansión del producto fue impresionante y son el recurso didáctico en cientos de países. Pero el LEGO es mucho más que un juguete, es un proceso mental, es la concreción de la creatividad, es la búsqueda de lo global.

Espérame cuando las aves
aún empiezan a cantar.
Cuando todo está en silencio
yo contigo quiero hablar.

Somos urbanitas y nos enorgullecemos de ello, nos agrada el ruido casi tanto como el smog, las cosas casi como las personas, los datos continuamente actualizados, las frases directas y las agendas apretadas. Somos, es indudable, hijos de Rómulo y Remo, de sus herencias y pertenencias. Nos envuelve, constantemente, la mentalidad grecorromana. Urbs nos traslada a lo que nos importa: el suelo y sus surcos. Cuenta la leyenda que fueron los hijos de Rhea Silvia los que fundaron la ciudad de Roma. Rómulo usó su arado para marcar elpomoerium, lo que designaría cuales eran los límites de la ciudad. No sólo definió su territorio sino que, además, juró que si alguien cruzaba esos límites, moriría. Remo, practicando el soporífero arte de emular al Dios Baco, se embriagó y tuvo la mala fortuna de fenecer en tierras de su hermano. ¡Qué bien define esta leyenda a nuestra cultura! Señalizaciones de posesiones e identidades por doquier, etiquetas de objetos y personas.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.

LEGO y Rómulo representan dos hermenéuticas bien diferenciadas, dos maneras de proyectar el pensamiento. Es la complementariedad frente a la suplementariedad, la síntesis frente al análisis, lo global frente a lo particular, la totalidad frente a la fragmentación, el organismo frente al trozo, lo inductivo frente a lo deductivo, la respuesta frente a la pregunta, la revelación frente a la especulación, lo semita frente a lo grecorromano. Rómulo somos nosotros y LEGO es Qohelet. Nosotros precisamos diseccionar (¿qué otra cosa significa análisis?) el tiempo, el espacio, la vida y medirlos, poseerlos y cuantificarlos. Abordamos la esencia desde sus minucias y, con el orgullo de los que marcan surcos y realizan definiciones, pretendemos interpretar la “realidad”. Qohelet asume, sin embargo, el existir desde la conciencia de lo macro, de la presencia divina, y disfruta de la realidad. Toma cada momento de la vida como un bloque de interconexiones y construye carácteres. El abrazo de la Totalidad sólo puede producir crecimiento.

Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

El entendimiento y la inteligencia, en el Antiguo Testamento, se expresan con tebunah, término que proviene de la raíz banah que se asocia con el campo semántico de la edificación o de la formación. Los pensamientos se construyen con las experiencias vitales y dan forma a las personas y a sus ideas. Este conjunto de “bloques” crea una cosmovisión que tiende hacia la sabiduría. Ese agregado de procesos mentales, en una perspectiva semita, se integra en lo concreto de la persona. En la mentalidad griega, por contraste, las ideas, como abstracciones, residen más allá de los individuos. Esa, posiblemente, sea la razón por la que vivimos ese hiato entre los datos que percibimos en las estructuras académicas o eclesiales y las opciones de vida que practicamos. El discurso no tiene que coincidir con la existencia. Aquí, pienso, comienza la primera deconstrucción que nos va a permitir entender el libro de Qohelet. La comprensión de la existencia surge de ella misma no de abstracciones o ideas.

Espérame desde temprano.
Yo no quiero el día empezar
sin estar en tu presencia,
sin saber que cerca estás
.
Uno de los principios básicos del pensamiento semita es la complementariedad. Un relato se construye con la suma de diferentes narraciones, de diferentes perspectivas. La complementariedad permite comprender la totalidad del mensaje y detectar sus matices. La mentalidad occidental identifica como relevante la suplementariedad, tiene como meta detectar lo objetivo y la verdad como elementos excluyentes. Una notable influencia de esta manera de concebir la interpretación es el recurso de la crítica literaria en los métodos históricos con relación a la Biblia. Un ejemplo es la teoría de las fuentes vinculada al Pentateuco, el análisis de estos materiales por el método histórico-crítico termina por diseccionarlos hasta mutilar su identidad. Leer Qohelet desde la mirada de la suplementariedad es no comprender porque surgen incoherencias constantes. Experimentar la complementariedad es dar una posibilidad a lo alternativo, como dirían los rabinos: “Setenta caras tiene la Torah”.

Espérame que necesito
tu mirada sobre mí.
Llenas todos mis anhelos
sólo así puedo vivir.

Otro de los principios a considerar es la integralidad. El análisis fragmenta mientras que la síntesis totaliza. Nos resulta incomprensible para los habitantes de la Urbs comprender el cálculo inclusivo de la mentalidad semita (la pasión de Jesús no son tres días sino uno y fracciones). La inexactitud numérica se cataloga de error. A fin de cuentas somos hijos de Pitágoras y sus descendientes. Preferimos el punto a la progresión. Pues bien, para entender la mentalidad veterotestamentaria hay que superar el detalle (el antiguo “proof text” y el nuevo “proof word”) y pensar más en la trayectoria. Un ejemplo: el pecado. Tenemos tendencia a maximizar (quizá como ritual cuasimágico) un acto y a cargarnos de suma culpabilidad en el proceso cuando lo relevante es la línea de conducta. Dejemos de pensar en los puntos de la existencia para pensar en la integral que generan. Salomón dirá con suma claridad que “todo tiene su momento”. Lo importante de la frase no es “momento” sino “todo”.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.

Un tercer principio es el de la colectividad. Nos cuesta entender, en la antropología bíblica veterotestamentaria, el concepto de monismo. Estamos tan acostumbrados a dividir el ser en secciones (cuerpo, mente, espíritu y algunas más) que tenemos tendencia a rechazar el concepto. Lo mismo acontece en dicha antropología con la idea de lo colectivo frente a lo individual. El invento del hombre como ser independiente, alienado del entorno, no es tan lejano. La antigüedad destaca por asociar el individuo a colectivos (sea clan, tribu, familia, género o estatus). Una búsqueda exclusiva de la existencia del individuo en Qohelet será una búsqueda sesgada. La persona existe inmersa en un sumatorio de situaciones vitales que implican otras personas, incluyendo en ellas a Dios. El Yo, el Uno, precisa del Otro para, vislumbrando el Nosotros, comprenderse. Salir del eje de la propia mirada es esencial para afrontar cualquier texto sapiencial de la Biblia. La mirada conjunta aporta comprensión conjunta.

Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Un cuarto principio es el del diálogo. El positivismo no sólo nos ha mutilado sino que, además, nos idiotiza haciéndonos pensar que somos impresionantes. La ciencia ha reducido la investigación al objeto, a lo material y así no se puede comprender el texto bíblico. La gran crisis creada en los lexicógrafos de la Biblia por James Barr con su obra The Semantics of Biblical Language (1961) es un ejemplo de ello. Se habían establecido las definiciones, los “surcos, de los campos semánticos de los textos hebreos hasta que vino a demostrar que el asunto, lingüísticamente, no era tan claro. Es agradable considerar el material bíblico como un objeto (sea objeto histórico, lingüístico o normativo) porque nos da control, autoridad. Podemos conocer al dedillo el original, recordar cada detalle de la historiografía, memorizar multitud de versículos y no entender nada por que estamos ante un objeto. Tras la Biblia hay una persona, la Persona. La Biblia es un instrumento para el diálogo no para la disección.

Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Repito el coro porque es relevante y tengo que insistir que tras la Biblia hay una Persona. Martín Buber nos abrió los ojos con Ich und Du (Yo y Tú) al enseñarnos a “tutear” a Dios (antes de que alguien se escandalice le sugiero que piense si es mejor seguir considerando a Dios como a “eso”, como a un objeto). Me acerco a la Biblia para encontrarme con el Dios-Tú no con el dios-texto o el dios-norma o el dios-exégesis. Qohelet no tiene ninguna lógica, insisto, ninguna lógica si no me lleva al Todo. Cuando percibo que mi existencia se encuentra con la Existencia, entonces comienza a encajar mi comprensión de las cosas. Pido disculpas, como teólogo y exegeta, por parecer más un carnicero que un mensajero. He puesto el bisturí en tantas perícopas, he diseccionado tantos campos semánticos, he troceado tantos conceptos que hasta aprecio la sangre en mis manos. Salomón no fue así, convocó al qahal y contó cómo le había ido. Quizá debamos aprender a escuchar con atención, sin interrumpir.

Espérame.
Espérame, Jesús, por la mañana.
Amado mío, espera, allí estaré.
Espérame.

Dijo, o eso parece, Aristóteles (Metafísica 983b) que el estudio de la verdad es en parte fácil y en parte difícil. Y le creímos porque, reconozcámoslo, era un individuo capaz y, aunque la mayoría no lo haya leído, es auctoritas. Desde entonces nos hemos venido preguntando qué es la verdad sin detectar, a la luz de la Biblia, que la cuestión es incorrecta. Deberíamos haber detectado quién es la verdad. El último y gran principio es el del reconocimiento. Reconocer quién es elauctoritas. Ya está bien de llenar pies de páginas con multitud de nombres cuando estamos ante Quien. Quien todo lo sabe. Quien todo lo puede. Quien ama a todos. Descubrir a Dios es descubrir la Verdad. Comprender a Jesús es facilitar el camino. Recurrir al Espíritu es asirse de certezas. No hay comprensión sin Presencia porque somos criaturas y nuestros recursos son escasos. Aquel que creó la palabra puede habilitarnos para interpretarla, Aquel que dio sabiduría a Salomón está ahí, esperándonos.

Permuta términos como lego, leguleyo, legalista o legislador y échate un rato (tiempo impreciso con tendencia a alargarse) jugando con Él al LEGO. No te puedes imaginar lo que edifica.

Hoy he sentido la cuadratura del círculo porque no estaba solo, porque no me he mirado a mí sino a Él. No tengo mérito alguno, mañana puedo calcular mal e irme por la tangente, sólo Él. Eso sí, tengo en mi haber pedirle que coloque los bloques de mi existencia de manera que formen una figura que supere la estética, que aporte sentido. ¿Qué queréis que os diga? Ya me había pasado antes (en el abrazo del amigo, en el primer sermón y en el último, en el paseo hacia la salida de sol e, incluso, hacia el crepúsculo) pero no termino de acostumbrarme. ¡Es tan vital!

Libertador San Martín, el día de la albiceleste bandera argentina del 2010

(1) Vamos a jugar a niños, construyendo, con nuestros cubos y con simplicidad, formas que sueñan fondos.