domingo, 28 de noviembre de 2010

Sauna Espiritual (3): La TeLEGOlogía y sus principios

Hoy he sentido la cuadratura del círculo, y eso que hacía mucho frío. Ya me había pasado antes (en el húmedo momento del bautismo, en el primer e inocente beso a mi novia, en la hora del accidente, en el paseo compartido, en el Ponte Vecchio de Florencia tomando un indescriptible helado de higo) pero no termino de acostumbrarme. ¡Es tan vital!

[Debido a limitaciones técnicas y con tal de apreciar no solo el fondo, sino también la forma del texto, se recomienda leer este mismo capítulo de Sauna espiritual en formato pdf.]

Regresaba del cruce que me sirve de referente cada mañana, donde se enfrentan las rutas y el último banco de cemento indica que la vía aeróbica finaliza. La escarcha abandonaba su sólida rigidez y se derretía ante los dorados y débiles rayos del albor, se hacía más posmoderna: rocío. Un inmenso eucalipto, tras abandonar cortezas carmesíes, jugueteaba con el intenso azul de fondo. El pasto amarilleaba y me hizo ser consciente de que comenzaba el invierno. Un ternerito, desgarbado y temeroso, acudió hasta su madre cuando me paré. Había comenzado a sonar, capricho de los juegos aleatorios de mi mp3, aquella canción. Evito las hipocresías, me agradan las melodías, suavonas y sin percusión, de Jesús Adrián Romero. Y ésta, ésta toca mi corazón.

Espérame por la mañana
antes de que salga el sol.
Antes que comience el día
quiero darte mi canción.

Espérame cuando las aves
aún empiezan a cantar.
Cuando todo está en silencio
yo contigo quiero hablar.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.
Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Espérame desde temprano.
Yo no quiero el día empezar
sin estar en tu presencia,
sin saber que cerca estás.

Espérame que necesito
tu mirada sobre mí.
Llenas todos mis anhelos
sólo así puedo vivir.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.
Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Espérame.

Espérame, Jesús, por la mañana.
Amado mío, espera, allí estaré.

Espérame.

Y era como si Dios, el Señor de miríadas de universos, me mirara con complicidad y me dijera: “Venga, que te espero.” He acelerado los pasos de mi alma y he sentido que todo encajaba, que cada pieza estaba en su sitio, que el puzzle de la vida me mostraba su paisaje. Y, una vez más, he comprendido que era mucho más sencillo de lo que tendemos a pensar, que un momento de felicidad apenas si precisa cosas, basta con su presencia.
Rodeado de las tímidas emanaciones de la hojarasca, de la bruma huidiza de una noche acabada y del vaho de mi interior, me he sabido conocedor de la grandeza de Abel, vapor hecho carne, y de la sabiduría de Salomón, vapor hecho palabra. Entonces, con la precaución de los que se encuentran en un espacio santo, he susurrado: “Vapor de vapores, todo es vapor”.

Espérame por la mañana
antes de que salga el sol.
Antes que comience el día
quiero darte mi canción.

Me imagino que su taller sería como el del Santa Claus de Habdon Sundblom pero en danés. Todo surgió en Billund, mientras construía muebles para los lugareños, Ole Kirk Christiansen se dio cuenta de que tenía cierta habilidad a la hora de crear juguetes de madera y comenzó a fabricar miniaturas de tablas de planchar y de escaleras. Las réplicas se multiplicaron exponencialmente hasta que decidió dedicarse al hermoso arte de crear diversión para los infantes. En 1934 llega LEGO con el objetivo de presentar un material sumamente educativo (el término resume la expresión danesa “leg godt” que significa “jugar bien”). La pieza permitía la posibilidad de ensamblarse con otras y formar multitud de figuras. En 1949, los bloques cambian de material y pasan al plástico. La expansión del producto fue impresionante y son el recurso didáctico en cientos de países. Pero el LEGO es mucho más que un juguete, es un proceso mental, es la concreción de la creatividad, es la búsqueda de lo global.

Espérame cuando las aves
aún empiezan a cantar.
Cuando todo está en silencio
yo contigo quiero hablar.

Somos urbanitas y nos enorgullecemos de ello, nos agrada el ruido casi tanto como el smog, las cosas casi como las personas, los datos continuamente actualizados, las frases directas y las agendas apretadas. Somos, es indudable, hijos de Rómulo y Remo, de sus herencias y pertenencias. Nos envuelve, constantemente, la mentalidad grecorromana. Urbs nos traslada a lo que nos importa: el suelo y sus surcos. Cuenta la leyenda que fueron los hijos de Rhea Silvia los que fundaron la ciudad de Roma. Rómulo usó su arado para marcar elpomoerium, lo que designaría cuales eran los límites de la ciudad. No sólo definió su territorio sino que, además, juró que si alguien cruzaba esos límites, moriría. Remo, practicando el soporífero arte de emular al Dios Baco, se embriagó y tuvo la mala fortuna de fenecer en tierras de su hermano. ¡Qué bien define esta leyenda a nuestra cultura! Señalizaciones de posesiones e identidades por doquier, etiquetas de objetos y personas.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.

LEGO y Rómulo representan dos hermenéuticas bien diferenciadas, dos maneras de proyectar el pensamiento. Es la complementariedad frente a la suplementariedad, la síntesis frente al análisis, lo global frente a lo particular, la totalidad frente a la fragmentación, el organismo frente al trozo, lo inductivo frente a lo deductivo, la respuesta frente a la pregunta, la revelación frente a la especulación, lo semita frente a lo grecorromano. Rómulo somos nosotros y LEGO es Qohelet. Nosotros precisamos diseccionar (¿qué otra cosa significa análisis?) el tiempo, el espacio, la vida y medirlos, poseerlos y cuantificarlos. Abordamos la esencia desde sus minucias y, con el orgullo de los que marcan surcos y realizan definiciones, pretendemos interpretar la “realidad”. Qohelet asume, sin embargo, el existir desde la conciencia de lo macro, de la presencia divina, y disfruta de la realidad. Toma cada momento de la vida como un bloque de interconexiones y construye carácteres. El abrazo de la Totalidad sólo puede producir crecimiento.

Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

El entendimiento y la inteligencia, en el Antiguo Testamento, se expresan con tebunah, término que proviene de la raíz banah que se asocia con el campo semántico de la edificación o de la formación. Los pensamientos se construyen con las experiencias vitales y dan forma a las personas y a sus ideas. Este conjunto de “bloques” crea una cosmovisión que tiende hacia la sabiduría. Ese agregado de procesos mentales, en una perspectiva semita, se integra en lo concreto de la persona. En la mentalidad griega, por contraste, las ideas, como abstracciones, residen más allá de los individuos. Esa, posiblemente, sea la razón por la que vivimos ese hiato entre los datos que percibimos en las estructuras académicas o eclesiales y las opciones de vida que practicamos. El discurso no tiene que coincidir con la existencia. Aquí, pienso, comienza la primera deconstrucción que nos va a permitir entender el libro de Qohelet. La comprensión de la existencia surge de ella misma no de abstracciones o ideas.

Espérame desde temprano.
Yo no quiero el día empezar
sin estar en tu presencia,
sin saber que cerca estás
.
Uno de los principios básicos del pensamiento semita es la complementariedad. Un relato se construye con la suma de diferentes narraciones, de diferentes perspectivas. La complementariedad permite comprender la totalidad del mensaje y detectar sus matices. La mentalidad occidental identifica como relevante la suplementariedad, tiene como meta detectar lo objetivo y la verdad como elementos excluyentes. Una notable influencia de esta manera de concebir la interpretación es el recurso de la crítica literaria en los métodos históricos con relación a la Biblia. Un ejemplo es la teoría de las fuentes vinculada al Pentateuco, el análisis de estos materiales por el método histórico-crítico termina por diseccionarlos hasta mutilar su identidad. Leer Qohelet desde la mirada de la suplementariedad es no comprender porque surgen incoherencias constantes. Experimentar la complementariedad es dar una posibilidad a lo alternativo, como dirían los rabinos: “Setenta caras tiene la Torah”.

Espérame que necesito
tu mirada sobre mí.
Llenas todos mis anhelos
sólo así puedo vivir.

Otro de los principios a considerar es la integralidad. El análisis fragmenta mientras que la síntesis totaliza. Nos resulta incomprensible para los habitantes de la Urbs comprender el cálculo inclusivo de la mentalidad semita (la pasión de Jesús no son tres días sino uno y fracciones). La inexactitud numérica se cataloga de error. A fin de cuentas somos hijos de Pitágoras y sus descendientes. Preferimos el punto a la progresión. Pues bien, para entender la mentalidad veterotestamentaria hay que superar el detalle (el antiguo “proof text” y el nuevo “proof word”) y pensar más en la trayectoria. Un ejemplo: el pecado. Tenemos tendencia a maximizar (quizá como ritual cuasimágico) un acto y a cargarnos de suma culpabilidad en el proceso cuando lo relevante es la línea de conducta. Dejemos de pensar en los puntos de la existencia para pensar en la integral que generan. Salomón dirá con suma claridad que “todo tiene su momento”. Lo importante de la frase no es “momento” sino “todo”.

Espérame,
luz en mi corazón,
espérame.
Estrella de la mañana,
te quiero ver.

Un tercer principio es el de la colectividad. Nos cuesta entender, en la antropología bíblica veterotestamentaria, el concepto de monismo. Estamos tan acostumbrados a dividir el ser en secciones (cuerpo, mente, espíritu y algunas más) que tenemos tendencia a rechazar el concepto. Lo mismo acontece en dicha antropología con la idea de lo colectivo frente a lo individual. El invento del hombre como ser independiente, alienado del entorno, no es tan lejano. La antigüedad destaca por asociar el individuo a colectivos (sea clan, tribu, familia, género o estatus). Una búsqueda exclusiva de la existencia del individuo en Qohelet será una búsqueda sesgada. La persona existe inmersa en un sumatorio de situaciones vitales que implican otras personas, incluyendo en ellas a Dios. El Yo, el Uno, precisa del Otro para, vislumbrando el Nosotros, comprenderse. Salir del eje de la propia mirada es esencial para afrontar cualquier texto sapiencial de la Biblia. La mirada conjunta aporta comprensión conjunta.

Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Un cuarto principio es el del diálogo. El positivismo no sólo nos ha mutilado sino que, además, nos idiotiza haciéndonos pensar que somos impresionantes. La ciencia ha reducido la investigación al objeto, a lo material y así no se puede comprender el texto bíblico. La gran crisis creada en los lexicógrafos de la Biblia por James Barr con su obra The Semantics of Biblical Language (1961) es un ejemplo de ello. Se habían establecido las definiciones, los “surcos, de los campos semánticos de los textos hebreos hasta que vino a demostrar que el asunto, lingüísticamente, no era tan claro. Es agradable considerar el material bíblico como un objeto (sea objeto histórico, lingüístico o normativo) porque nos da control, autoridad. Podemos conocer al dedillo el original, recordar cada detalle de la historiografía, memorizar multitud de versículos y no entender nada por que estamos ante un objeto. Tras la Biblia hay una persona, la Persona. La Biblia es un instrumento para el diálogo no para la disección.

Espérame,
dueño de mi amor,
espérame.
Serás mi primera cita,
ahí estaré.

Repito el coro porque es relevante y tengo que insistir que tras la Biblia hay una Persona. Martín Buber nos abrió los ojos con Ich und Du (Yo y Tú) al enseñarnos a “tutear” a Dios (antes de que alguien se escandalice le sugiero que piense si es mejor seguir considerando a Dios como a “eso”, como a un objeto). Me acerco a la Biblia para encontrarme con el Dios-Tú no con el dios-texto o el dios-norma o el dios-exégesis. Qohelet no tiene ninguna lógica, insisto, ninguna lógica si no me lleva al Todo. Cuando percibo que mi existencia se encuentra con la Existencia, entonces comienza a encajar mi comprensión de las cosas. Pido disculpas, como teólogo y exegeta, por parecer más un carnicero que un mensajero. He puesto el bisturí en tantas perícopas, he diseccionado tantos campos semánticos, he troceado tantos conceptos que hasta aprecio la sangre en mis manos. Salomón no fue así, convocó al qahal y contó cómo le había ido. Quizá debamos aprender a escuchar con atención, sin interrumpir.

Espérame.
Espérame, Jesús, por la mañana.
Amado mío, espera, allí estaré.
Espérame.

Dijo, o eso parece, Aristóteles (Metafísica 983b) que el estudio de la verdad es en parte fácil y en parte difícil. Y le creímos porque, reconozcámoslo, era un individuo capaz y, aunque la mayoría no lo haya leído, es auctoritas. Desde entonces nos hemos venido preguntando qué es la verdad sin detectar, a la luz de la Biblia, que la cuestión es incorrecta. Deberíamos haber detectado quién es la verdad. El último y gran principio es el del reconocimiento. Reconocer quién es elauctoritas. Ya está bien de llenar pies de páginas con multitud de nombres cuando estamos ante Quien. Quien todo lo sabe. Quien todo lo puede. Quien ama a todos. Descubrir a Dios es descubrir la Verdad. Comprender a Jesús es facilitar el camino. Recurrir al Espíritu es asirse de certezas. No hay comprensión sin Presencia porque somos criaturas y nuestros recursos son escasos. Aquel que creó la palabra puede habilitarnos para interpretarla, Aquel que dio sabiduría a Salomón está ahí, esperándonos.

Permuta términos como lego, leguleyo, legalista o legislador y échate un rato (tiempo impreciso con tendencia a alargarse) jugando con Él al LEGO. No te puedes imaginar lo que edifica.

Hoy he sentido la cuadratura del círculo porque no estaba solo, porque no me he mirado a mí sino a Él. No tengo mérito alguno, mañana puedo calcular mal e irme por la tangente, sólo Él. Eso sí, tengo en mi haber pedirle que coloque los bloques de mi existencia de manera que formen una figura que supere la estética, que aporte sentido. ¿Qué queréis que os diga? Ya me había pasado antes (en el abrazo del amigo, en el primer sermón y en el último, en el paseo hacia la salida de sol e, incluso, hacia el crepúsculo) pero no termino de acostumbrarme. ¡Es tan vital!

Libertador San Martín, el día de la albiceleste bandera argentina del 2010

(1) Vamos a jugar a niños, construyendo, con nuestros cubos y con simplicidad, formas que sueñan fondos.

Sauna Espiritual (2): El último minuet

Discrepo de Warhol. No porque piense que sus “ocho Elvis” (¿100 millones de dólares?) o que sus impresiones de latas de sopa Campbell sean piezas artísticas a desmerecer (manifiestan como pocas la filosofía de la posmodernidad: “lo que ves es lo que tienes”). Tampoco es que diverja de su privada religiosidad (a fin de cuentas es uno de los pintores norteamericanos con una producción pictórica iconográfica más llamativa). Lo que me hace disentir de Andrew Warhol es su frase: “In the future, everyone will be world-famous for 15 minutes”.

La cultura pop, y nuestra generación ha crecido ante su florida y psicodélica estética (¿quién no tuvo un pantalón acampanado?), establece dos parámetros básicos que surgen de esta frase: celeridad y celebridad. Todo fluye con suma velocidad y todos, o muchos, buscan la fama.

Que se lo digan a Adán Silvio Minuet y al espectáculo que montó el 22 de abril del año en curso [2010]. Hay un puente que cruza la Autopista Panamericana a 47 kilómetros de Buenos Aires, en el partido de Escobar. Es uno de muchos, circundado por un mallazo para evitar situaciones comprometedoras. A él se dirigió Adán tras tener una discusión con su pareja por motivos de infidelidad con el objetivo de suicidarse o no. Cuatro horas estuvo sobre dicha estructura amenazando con lanzarse al asfalto, cuatro horas de expectación y notoriedad. Cuatro largas horas (a algunos les adeuda el haber consumido su porción de fama).

Cuando escuché la noticia, en la estación de autobuses, pensé, cosas de teólogos, en un nomen omen. ¡Qué nombres tan pertinentes para una situación como ésa! Adán expuesto a lo público por su irregularidad, por su error, por su pecado. Silvio en la jungla (eso sí, a lo latino y silvestre) frente a la jauría humana (para algunos con prisa terminó siendo el fugitivo de Horton Foote). Minuet, haciéndonos danzar a todos un baile cómico (más de 9 kilómetros de vehículos esperando el desenlace). Estoy seguro de que más de uno tuvo un mal pensamiento con relación al vacío.

Venía de una reunión laboral y anhelaba el encuentro familiar cuando fui emplazado, sin mi explícito deseo, al capricho de otros. Convocado sin consentimiento. Y lo triste es que no era la primera vez. Vivimos expuestos a la convocatoria de lo ajeno sin tener la sensación de que hemos sido consultados. ¿Quién decidió que podía reunirnos a competir? El más alto, el más listo, el más rico, el más simpático, el más espiritual. ¿Y a codiciar? La casa, el auto, el título, la pareja, la juventud, el estatus. ¿A quién se le ocurrió asignar qué tengo que contemplar? Telebasura (lo sé, no está reconocida como un único término pero cohabitan tanto que había que unirlas), telediario (nunca los acontecimientos tan lejanos se nos habían acercado tanto, hasta el corazón), teleología (desde el positivismo a la búsqueda de la “voluntad” divina).

No sé vosotros pero yo ya estoy cansado del paso entrecortado de mi vida, de las danzas ceremoniales (impuestas, sin respuestas y presupuestadas), de los bailes de la corte versallesca de los que no se dominan a sí mismos y tienen la osadía de dominar a los demás, de tanta suite de convocatorias patrióticas (sea una allemande de mecánica impecable, unacourante de glamour sibarita, una zarabanda de plañideras caprichosas o una giga de imperio global). Quiero ser yo el que diga dónde voy y a quién me adhiero.

Reclamo mi derecho a decidir.

Y aquí es donde discrepo de Warhol. En el futuro, ese tiempo en el que el Reino de los Cielos se nos ha acercado, todo el mundo tiene la oportunidad de aceptar o no la convocatoria. Ya está bien de rumbear al son de lo insustancial. Los parámetros van a ser otros: eternidad y celebración.

La mayoría de la población humana se reúne ante lo fútil. Nos encontramos frente a la televisión, el cine, la última novela, YouTube, el partido de fútbol, Twitter para contemplar el instante. Y el instante, caprichos de la temporalidad, vive para ser olvidado. Como diría, al hilo de lo expuesto, Jorge Luis Borges: “El mayor defecto del olvido es que, a veces, incluye a la memoria.”

Minuet 1[1]

(Esta música me suena de algo)

A. Demi-coupé con el pie derecho

No ha habido nadie más sabio ni ilustrado en la tierra. No, no hablo de Aristóteles o de Dewey sino de Salomón, el hijo de David, rey de Jerusalén. Su vida se origina en los entresijos de la corte, espacio de conspiraciones palaciegas, de dimes y diretes, de harén multiétnico. Entre la amalgama de propuestas crece con la coherencia digna de un príncipe y aspirante a la monarquía. A diferencia de los colegas de los otros tronos cananeos decide, al inicio de su actividad real, convocar al pueblo ante Yhwh. ¡Qué decisión tan valiosa!

Es tiempo de literatura amorosa y sapiencial. Es indudable que el “Cantar de los Cantares” es una obra de apertura poco común para los receptores actuales de la Biblia. Aquellos transmigrantes que llegan, a lo Tertuliano, con sus tabúes al texto se encuentran silenciosamente escandalizados por lo explícito de sus mensajes. Y una idea ronda sus mentes: ¿No será que tenían razón algunos tannaítas que no querían incluirlo en el canon veterotestamentario?

Una lectura consciente del material bíblico nos lleva a comprender la belleza del cuerpo. ¡Cuánta razón tiene Elisabeth Moltmann-Jürgen cuando afirma que “la fe cristiana suscitará también cambios en las personas. Eros como relación con Dios y con el cosmos afecta también al cuerpo de la persona, que en la tradición occidental ha solido ser desdeñado o temido por los impulsos alojados en él”![2] Enseñó a convocar correctamente a la intimidad, aportando Edén a las parejas primerizas y fragancia a las experimentadas.[3] Después se dedicó al jugueteo, tan propio de intelectuales de terruño, de la búsqueda de la sabiduría en lo popular. Y se consagró a coleccionar refranes y multitud de mesalim. Fue un tiempo de misión, de crecimiento en Yhwh, de convocar a los lejanos a un espacio donde fluía la sabiduría de lo alto. Y la corte de Salomón se engalanó de transparencias egipcias, de plisados cabellos mesopotámicos, de broncíneas pieles sabeas. Fueron tiempos que habría envidiado el mismo Luis XIV, eso sí, sin pelucas empolvadas y con mucho aceite goteando por las espumosas barbas del hijo de David.

Hasta que llegó el día de...

A. Demi-coupé con el pie izquierdo

... la distancia.

Concurrir a la presencia divina aporta mucho más que academicismo, mucho más que inteligencia, aporta sabiduría. La separación de la luz, obviamente, confunde. Y Salomón se alejó de Yhwh convirtiéndose en una persona obsesionada. Los datos, el éxito, el placer, el poder fueron desequilibrándole y descubriendo, a golpes, los detalles del mundo de la oscuridad.

El pecado embota. A las personas con formación precaria les torna toscos y puramente instintivos. A las cultivadas en seres sumamente capaces de llevar lo malo a territorios extremos (nunca la soah habría sido tan cruel sin el ataque de un pueblo tan exquisitamente formado como el alemán). Y Salomón era extremadamente culto.

No deseo describir ese período con precisión porque no me place aportar más ideas inconvenientes, bastante con las que ya tenemos. Me atrevo a indicar, eso sí, que entristeció intensamente al Espíritu.

Hasta que llegó el día de...

BA’. Pas élevé con el pie derecho

... la convocatoria.

Quisiera imaginarlo sentado en su trono. Su rostro, lánguido y demacrado por las pasiones que vacían el ser, apenas si reflejaba la hermosura de un hombre de Dios. Las disonancias de la corte resonaban en su interior a cada instante. “Hastío” era la palabra que definía cada uno de sus movimientos y pensamientos. Allí, en lo profundo de su corazón, saltó una chispa. Y tuvo a bien disponerse a la, entonces, diminuta luz del Espíritu. Toda convocatoria comienza con un “¡Aquí estoy!” y lo demás es multitud.

Estoy seguro que recordó los relatos de la Torah en los que Yhwh convocaba a su pueblo. En Semot se hablaba del encuentro de la Pascua, aquel tiempo en el que el Ángel de Yhwh tuvo a bien “cojear” para salvar a los primogénitos (Ex 12). Era el tiempo del qahal, de la asamblea, de salir de las tiendas y acudir al espacio abierto (que simbolismo tan liberador). El tiempo en que el “¡Aquí estoy!” se convierte en el “¡Estamos aquí!”. En Vayiqra relataba cómo se procedía el “día de las expiaciones” y sus ojos se llenaron de lágrimas. Cuánto echaba de menos aquellos días en que su gente hallaba el perdón y el consuelo ante el templo del Altísimo (Lv 16). El tiempo del qahal de las soluciones, porque el error tiene renglones en los que Yhwh escribe con pericia, como si no importaran los borrones. Un gran vacío se hizo en su corazón cuandoBamidbar acudió a su memoria (Nm 14). La rebeldía de las gentes del desierto tintaron de dolor el vocablo qahal. Habían cambiado el sentido de la grandeza por la locura de las masas.

Pero Dios es bueno e, indudablemente, propició que se topara con las imágenes del día de la mayor convocatoria de su existencia: cuando Yhwh tuvo a bien residir con su gente en el Templo. ¡Eso sí que fue un qahal! Los niños correteaban por las calles mientras que las adolescentes servían de apoyo a ilusionados y sumamente lentos ancianos. Los arados no se encontraban en los campos y la leña esperaba para ser recogida otro día. Los cantantes del coro afinaban con denuedo al son de cítaras. Los levitas y sacerdotes se habían engalanado con sus vestimentas más decorosas. El rey lucía un aspecto primoroso y deslumbrante. Todos estaban en esa calle[4] llamada: “¡Aquí estoy!”. Y el día se hizo luz.

La vívida imagen catalizó el día del...

BA’. Pas élevé con el pie izquierdo

... cambio.

Salomón se reencontró con Dios y, con intensa convicción, comenzó a practicar el oficio de Qohélet.

Qohélet es un vocablo que deriva de qahal. Es un participio femenino que hace referencia a quehaceres profesionales (hay otros ejemplos de profesiones en femenino en el AT, como el de “escriba”). ¿Cuál era la actividad de un Qohélet? Lutero lo asoció, tomando como referencia a Jerónimo, con un Predicador. Bonora, sin embargo, lo vincula con un recopilador de proverbios.[5] Pienso que podríamos incluir algo de los conceptos anteriores y añadir, pensando en la cultura de aquel tiempo, en una especie de pregonero, de convocador de gentes para hacer notorio lo que todos debieran saber.

¿A qué llama el Qohélet? ¿A un mensaje pesimista como pretendían G. Von Rad o G. Ravasi? ¿Al abandono (Hilflosigkeit) como lo imaginaban B. Lang o M. Horkheimer? ¿A la autojustificación como afirmaba P. Sacchi? Pienso que no. Creo, siguiendo los argumentos de R. N. Whybray, N. Lohfink y el mismo A. Bonora,[6] que es una invitación a la alegría. Salomón ha salido del laberinto de la futilidad y, a grito en voz, nos advierte de los recovecos que lo constituyen y cómo sortearlo. El libro de Qohélet se convierte en un mapa de la vida, de sus etapas y dificultades, de sus atracciones y obstrucciones. En siete ocasiones se menciona el oficio (1,1-2.12; 7,27; 12,8-10) que ha incorporado Salomón a su currículo, en siete ocasiones nos recuerda que el anuncio divino va más allá del instante.

Minuet 2 con trío

(Esta melodía es casi diferente)

C. Demi-coupé con el pie derecho

Era una mañana de sábado y, como hacía casi siempre, se marchó a la sinagoga. Las empinadas calles de Nazaret no le impedían dar pasos constantes y flexibles. A fin de cuentas era la ciudad de su infancia. Había crecido entre aquel conglomerado de piedras y adobe, se había sentado tantas veces bajo las sombras de plateados olivos observando las taciturnas gentes que deambulaban aquí y allá. Estaba entre los suyos y anhelaba reunirse con ellos porque era un momento muy especial: el día de la promesa cumplida (Lc 4). El anciano leyó el texto de la Torah y arengó contra el imperio que les sometía. Eran tiempos difíciles y la sinagoga bullía (a fin de cuentas era el origen y sino de esta institución: reunir).

Le entregaron el libro del profeta Isaías y, tras desenrollarlo, inició su lectura: “Sobre mí está el Espíritu del Señor porque me ha consagrado para llevar a los pobres la buena noticia de la salvación; me ha enviado a anunciar la libertad a los presos y a dar vista a los ciegos; a liberar a los oprimidos y a pregonar el año de gracia del Señor.” (Is 61,1-2)

No era casualidad que ese sábado apareciera Jesús por la sinagoga de Nazaret. Conocía el ciclo litúrgico y sabía que la haftarah de ese día era la bienaventuranza isaiana. Quería decirle a los suyos: “¡Aquí estoy! Soy la promesa viviente. ¿Estáis conmigo?” Quería que el pregón se escuchara por doquier porque era el tiempo de la alegría, donde el Todo se encontraba con sus criaturas, donde los pueblos se reúnen para la esperanza. Pero los suyos no le conocieron, sólo vieron al hijo de José.

Y se perdieron el día de...

C. Demi-coupé con el pie izquierdo

... los milagros.

Otros los presenciaron en Capernaúm, en Jericó, en Jerusalén. Sobre todo en Jerusalén.

Las palabras de Isaías se habían hecho carne: los cojos danzaban ante él, los mudos gritaban “¡Hosanna!”, los ciegos disfrutaban del desfile. Montado sobre un burrito, rodeado de milagros en vida, entró en Jerusalén. Y toda la ciudad se conmovió (Mt 21). El destino era el Templo, espacio de reunión de multitudes, lugar donde todos eran iguales ante el Altísimo. Pero la Casa de Yhwh había arrendado su espacio a una “casa de cambios” donde el siclo era una divisa siempre en alza. Los números y los metales impedían la convocatoria (¡qué tristemente actual!). Todo tenía precio, hasta las humildes palomas. Los miró, vio a los marginados, ciegos y cojos, y decidió que les iba a aguar a los cambistas ese espectáculo. Ha sido la restauración inmobiliaria más rápida de la historia: unas cuantas mesas volcadas, muchas monedas sin dueño (¿alguna vez lo tienen?) y banqueros huyendo despavoridos. Los marginados lo entendieron como nadie, llevaban años esperando el “¡Aquí estoy!” y no dudaron en acercarse y decir: “¡Estamos aquí!”. Cuenta Mateo que los niños correteaban por los rincones del lugar gritando: “¡Hosanna!” (Mt 21,15). Había llegado la salvación.

Y es que la convocatoria divina, esa a la que nos aboca Salomón o Isaías, es diferente. Es una fiesta en la que no importa tanto el espacio exterior como el interior, el tiempo concertado como el momento elegido, la aptitud como la actitud. La posibilidad no se da por el Templo o la sinagoga sino por Yhwh o Jesús.

Fue el día del...

DC’. Pas élevé con el pie derecho

... anticipo.

La aproximación del Reino de los Cielos tendió a convertirse en una asamblea diferenciada del Templo y de la sinagoga: la iglesia. El objetivo de este instrumento consistía en proclamar la salida de los lugares espirituales institucionalizados, deteriorados por el judaísmo y deformados por el paganismo, para encontrarse con el Mesías, Jesús Hijo de Dios. En esta convocatoria no hay diferencias de estatus, raza o etnia porque en el espacio jesuano toda posibilidad tiene cabida.

En un par de siglos el proyecto se iba al traste. La influencia de gnósticos, judaizantes, sincretistas o extremistas trocaron cristianismo por cristiandad. Y se inició el interés por la polaridad: los eremitas al desierto, los asimilacionistas al poder, los teólogos a la Academia. Y la iglesia abandonó la igualdad de estatus y abrazó la jerarquía. Olvidó la igualdad de razas y destacó las maldiciones noájidas. Mutiló la igualdad de géneros y, durante siglos, sometió a las mujeres a la esclavitud más cruel, la de no ser nunca adultas.

Otras fueron las convocatorias, muchas a batallas y otras a progroms. Arrianos, Cruzadas, Inquisición, Cien años de guerra, Holocausto. Cristiandad tan dolorosa que seguimos escribiendo los eventos con mayúsculas.

Fueron días de...

DC’. Pas élevé con el pie izquierdo

... desgaste.

Apocalipsis nos etiqueta como Laodicea y, lamentablemente, tiene razón. Somos hijos de la posmodernidad y el materialismo más acuciantes. Pensamos que somos ricos y únicamente tenemos objetos, vivimos con objetos y, curiosamente, no los objetamos. Creemos que estamos vestidos pero hace mucho que andamos sólo con el cuero y no se nos cae la cara (¿careta?) de vergüenza. Tanto lifting espiritual nos ha dejado acartonados. Sostenemos que tenemos una visión de la historia y del conocimiento como nunca antes y no dejamos de golpearnos una y otra vez con los mismos males. ¿Es que no leemos las noticias?

¿A qué somos convocados? En el 1969 fue en Woodstock. Ahora, y que se lo digan a Gorillaz, en Internet. Facebook amontona a cientos de jóvenes (que se lo digan a las “rateadas” mendocinas) al ocio (palabra que ha dejado de ser sinónima de pereza para aburguesarse en connotaciones de entretenimiento). Cada día los periféricos humanos se conectan durante horas a la televisión. El romanticismo se sueña en las telenovelas, se participa de la acción en el videojuego, los paisajes se disfrutan en una pantalla de LCD o de LED o AMOLED, eso sí, de High Definition.

Puerto Príncipe, Concepción, Bangkok compiten con Cannes, Ipad o Mundial de Sudáfrica… Garzón con Federer-Nadal… Golfo de Méjico con la Gran Vía… Bernard-Henri Lévy con Tim Burton… Crisis con Cameron…

Este disco está rayado y aquí no hay quien baile.

Repetición del Minuet 1

(Ahora sí que la reconozco)

A. Demi-coupé con el pie derecho

Salomón superó su pecado, abrazó el arrepentimiento y decidió ejercer el noble arte de advertir. Ya lo dice el refranero español: “el que avisa...” Se asoció al gremio de los pregoneros divinos y le colocaron una chapita reluciente en la que ponía Qohélet.

¿Por qué? Porque ya está bien de danzar a ritmo de minuet, de ser espectáculo a los mundos. Porque la convocatoria es otra, abandona espacios y tiempos para impregnarse de libertad de decisión. Ya está bien de desgracias, ¡qué llegue la alegría del año de gracia del Señor!

Estamos abocados a un encuentro personal con Dios. Hace mucho que nos espera y tiene preparada otra música para nosotros. El single (Yhwh lo hace todo fácil) del Cordero de Dios se va a colocar en el top de los “infinitos principales”. Y eso hay que escucharlo.

BA’. Pas élevé con el pie izquierdo

Es curioso que Miguel de Cervantes Saavedra y William Shakespeare murieran en la misma fecha del mismo año (un 23 de abril de 1616) pero en distinto día. ¿Cómo es posible? El 23 de abril de Cervantes es del calendario gregoriano y el de Shakespeare del calendario juliano (sería el 3 de mayo del calendario gregoriano). Así nos van las cosas, todo el mundo celebrando la muerte de unos de los grandes escritores de todos los tiempos y éste tiene el coraje de aguantar once días más. ¿Qué queréis que os diga? Este detallito cronológico no empaña su grandeza. Sobre todo por eso de que “el sabio no se sienta para lamentarse sino que se pone alegremente a su tarea de reparar el daño hecho.” O como diría el manco más universal: “Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo en que están más secas las esperanzas.”

¡Será por convocatorias! No tengas la menor duda de que cada vez van a haber más. Más intensas, más numerosas, más llamativas, más publicitadas y más masificadas. Es hora, por tanto, de saber parar, de decidir si queremos reparar los daños y encomendar nuestro corazón a Dios.

Haz lo que mejor te parezca pero quiero que sepas que yo discrepo públicamente de Warhol y decido adherirme a Yhwh. Afirmo, además, que “tienes mucho más de lo que ves” y que estás convocado a ello.

Libertador San Martín, entre el día del libro y el día internacional de la familia del 2010

[1] La estructura de este capítulo procura discurrir al ritmo de un minuet (minueto o minué). Dicha danza es originaria de la provincia francesa de Poitou y ya tenemos registros de ella en el siglo XVII. Se llama así porque se ejecuta con pasos cortos (pas menús) y tuvo gran impacto en la corte del rey Luis XIV (menudo sol de individuo). Su compás de ¾ le otorga, al menos en nuestro capítulo, un aire gracioso y juguetón pero, obviamente, inacabado. Su estructura es, normalmente, de dos minuetos con las siguientes repeticiones AA BA’BA’ CCDC’DC’ ABA’.

[2] Jürgen Moltmann y Elisabeth Moltmann-Jürgen, Pasión por Dios: Una teología a dos voces. (Maliaño, Cantabria: Sal Terrae, 2007), 57.

[3] Cf. Víctor Armenteros, Amor se escribe si h. (Buenos Aires: ACES, 2010).

[4] Alguno de mis profesores, notable filólogo y hebraísta, sostenía que el término “calle” en español derivaba de “qahal” (¿de ahí el “call” gerundense?). No sé si será correcto etimológicamente pero estimula las connotaciones.

[5] Antonio Bonora, El libro de Qohélet (Barcelona: Herder, 1994), 10.

[6] Cf. Antonio Bonora, op. cit., 28ss.

Sauna Espiritual (1): El sentido de la vida

El tiempo de cosechas llega a su final. La avena, el trigo, la cebada y el centeno se amontonan en el granero. Los renos campan por doquier mientras que descendientes de los sami preparan el fuego en el interior del depósito. Serrín y virutas de haya, roble y arce impregnan todo de humo mientras, a la intemperie, se entonan cantos de siempre, se relata la epopeya de Kalevala y se recuerdan las hogueras de la fiesta de Johannes Kastaja. Horas después, se deja salir la fumarola y se entra a sudar.

Los finlandeses, desde el siglo V d.C., construyen y emplean multitud de tipos de saunas (de hecho, el término "sauna" proviene del misterioso finés). Las hay de leña, con estufa eléctrica (saunas aina valmis), de hielo sobre el congelado Salonkijärvi y, cómo no, de humo.

Pensamos en la sal o en el aceite como conservantes de la antigüedad pero el humo también lo ha sido.

La O-33 y la E90 del noroeste de Turquía te conducen hasta Bursa. A sus gentes, de grandes mostachos y pañuelos policromados, les gusta vivir en colectividad y eso genera bulliciosos eventos sociales. De tanto en tanto, entre iskender kebab y castañas escarchadas, se dedican a "lavar la novia". Las señoras del lugar contratan el baño de la zona y disfrutan del sonoro arte de cantar y danzar. Atiborradas de frutos secos y albóndigas se revelan los detalles de tal o cual mozalbete y de lo bien que vendría para su Emine o su Derya. El olor a eucalipto lo impregna todo y los vapores del hamman permiten que las palabras surjan de entre lo anodino con la sinceridad de lo que no se ve.

Los turcos, tribus de nomadeo en sus orígenes, descubrieron los placeres de Roma y osaron no desprenderse de ellos. Y tanto ha sido su afán que los históricos baños "romanos" perdieron su derecho a adjetivar para brindárselo a los baños "turcos".

Pensamos en el eucalipto como vital para las afecciones respiratorias pero embellecedor también lo ha sido.

No hay que ser muy perspicaz para detectar que las comparaciones están servidas. Puede parecer un ejercicio de acrobacia intelectual pero tened paciencia que está al caer.

Pienso que todos venimos a este espacio a "transpirar" porque si no estaríamos leyendo otra cosa (sin ejemplos para no dañar). Podemos salir "ahumados" o "perfumados". No todo consiste en "quemar algo" (en ocasiones, tristemente, "alguien") sino en "airear algo" (y qué mejor que una olorosa esencia, cuán bíblico parece). Podemos reunirnos en un "granero" (entiéndase una actitud localista y poco dada a sutilezas) o en una "terma", rodeados de teselas multiformes y cromáticas (entiéndase una actitud supranacional y amante de un delicatessen espiritual). No es cuestión de combatir los fríos que nos rodean (ya está bien de multitud de apologías de un lado y otro) sino de disfrutar de la brisa del Mediterráneo (probando a descubrir el aire-espíritu de la Biblia).

Os oferto la segunda de cada una de las proposiciones. Que le voy a hacer, soy del Sur (sí, en mayúsculas, a lo Serrat o Benedetti) y me gusta disfrutar de la teología meridional, de esa que tiene que conservar menos porque vive más. Y, por ello, os convoco (en el qahal más semita) a los de la calle de la variedad (en el qahal más sefardí-español y en tiempos de bicentenarios) a encontrarnos en las termas de Eclesiastés (a partir de ahora Qohelet).

Aseguro que abriremos un frasquito con esencia de eucalipto atentamente elegido.

Apodyterium[1] (Eliminando prejuicios)

¿Por qué Qohelet? Porque es nuestro libro. Somos posmodernos encubiertos, consumistas convulsivos, esclavos del tiempo, adictos a los títulos académicos y cursos mil, hedonistas y servidores de la estética, laodicenses reconocidos y, lamentablemente, no respetamos a Quien debiéramos respetar. ¿Suficiente? No. Porque, además, somos muy capaces de hallar nuestra identidad, de comprar colirio, de abrazar la eternidad, de alcanzar sabiduría, de modelar un carácter y, felizmente, de adorar a Dios como es debido. Por eso, Qohelet.

Los turistas despiertan mi interés con suma intensidad. Me siento Guillermo de Baskerville (por no usar el homólogo de Conan Doyle, demasiado cinematográfico) y comienzo a imaginar, leyendo los pequeños detalles de su atuendo, el origen del que proceden. Los hay fáciles de detectar: el pelo, los ojos, el tipo de cámara fotográfica. Otros precisan "elaboradas" conexiones: el pelo, los ojos, la jarra de cerveza o la copa de vino o la botellita de agua. Pero la mayoría de ellos tienen algo en común: transmigración. Pasan por los lugares impregnándose sólo de lo estereotipado y vulgarmente folklórico. Aunque lo tiene delante no ven sino aquello que les ha indicado su guía, su libro de viajes o la cultura de su país.

¿Somos transmigrantes de la hermenéutica bíblica? Sí. Y así suele acontecer con Qohelet. Pasamos por sus versículos con los paradigmas heredados y el texto no puede comunicar porque no le permitimos el diálogo. Antes de comenzar, ya hemos decidido qué nos va a decir o no. Debe encajar en el molde u optamos por recortes. ¿Qué hacemos con esos pedacitos que nos sobran (conceptos que no se acoplan a la preforma)? Por pereza o incomprensión los amontonamos en el depósito de lo irresuelto y, usualmente, cerramos esa sala de nuestro conocimiento colocándole el cartel de "misterio". Los estereotipos son así, verdades cansadas (gracias a Georges Steiner por la cita).

¿Cuáles son algunos de los moldes sobre Qohelet?

* Qohelet es un libro del primer pacto. Desde que a Marción se le ocurrió abrir la boca (o entintar la pluma) andamos con esto de que el Antiguo Testamento está superado. ¿Para qué leer un texto que no nos aporta nada a los cristianos? Resultado: no ocupa un lugar preeminente en mis lecturas.

* Qohelet es un libro de vejez. Se piensa que es un material de un viejo para viejos. Las reflexiones sobre la vida deben hacerse al final de ésta porque la juventud no está para eso. Es más, la juventud, en esta tierra del homo ludens, debe alargarse al máximo. Resultado: no es todavía mi momento.

* Qohelet es un libro inclasificable. Somos gente ordenadora (no sé si siempre ordenados), nos gusta colocar etiquetas y categorizar. Cosas: tipo, forma, color, calidad, precio. Personas: tipo, forma, color, calidad, precio. Dios: tipo, forma, color, calidad, precio. La ansiedad nos empieza a invadir cuando algo o alguien no recibe una etiqueta fácilmente (el 4 en la Clasificación Decimal, la persona íntegra, Jesús Dios-hombre, etc.). Y Qohelet podría entrar en esa categoría que no tiene categoría. No se sabe muy bien dónde está, a dónde nos lleva. Resultado: no sé muy bien lo que espero.

* Qohelet es un libro nihilista. La nada nos aterroriza, no estamos diseñados para no ser, para ausentarnos. Una lectura a lo Sartre de Qohelet nos puede parecer lo más in del mundo pero nos coloca out. Resultado: no me gusta lo que espero.

Recuerdo uno de los consejos más instruidos de un excelente profesor: "Leed la Biblia como si fuera la primera vez". No sé si la frase era suya o de algún teólogo extranjero (posiblemente Marguerat, que le acompañaba en el silencio bibliográfico) pero, destilaba sabiduría. Nosotros éramos alumnos transmigrantes y nos convirtió en pintores de paisajes, en catadores de sabores, en contadores de relatos y, lo mejor, en hijos del Espíritu (¡qué intensidad de olor!). ¿Por qué no partir de esa premisa?

Palaestra (Ejercicios previos)

* ¿Dónde menciona el Nuevo Testamento el libro de Qohelet? ¿Por qué?

* ¿Cómo que no es un libro de vejez si dice que es el resultado de una larga vida (1,12-13)? ¿Qué diferencia hay entre vejez y experiencia? ¿Y entre experiencia y sabiduría?

* ¿No forma parte Qohelet de los ketubîm? ¿No es esa sección una especie de popurrí de materiales? ¿Qué tienen que ver los ketubîm con la esencia de la literatura sapiencial? ¿Qué espacio ocupa la microhistoria en la macrohistoria?

* "Llegué a odiar la vida" (2,17) no da mucho ánimo ¿No será que nuestra existencia está abocada únicamente al sufrimiento?

Tepidarium (Calentito, Calentito)

La ciencia se construye en equipo, los de antes colocan piezas que, los de ahora, tomamos como bases (modificadas o mimetizadas) y que, los de luego, continuarán. En esta cadena del conocimiento se producen, de tanto en tanto, nuevas asociaciones que reconducen el flujo del pensamiento a otras construcciones. Ese es el caso de Martin Shuster y su artículo "Being and Breath, Vapor as Joy: Using Martin Heidegger to Re-read the Book of Ecclesiastes".[2] Al releer el libro de Qohelet con los lentes de Heidegger, modifica nuestros conceptos sobre la esencia de la vida y altera nuestra hermenéutica, en ocasiones pesimista, de ciertos libros bíblicos.

Martin Shuster propone deconstruir todo el libro desde las definiciones existencialistas del primer Heidegger (Sein und Zeit) y, para ello, matiza los campos semánticos de "muerte", "vanidad", "tiempo", "faena", "gozo". El resultado es un material sumamente exquisito.

¿Nos ponemos a tono? Venga. Todo comienza con esto de lo abstracto y lo concreto, la realidad como representación de un supramundo ideal. ¿Qué es lo que somos? Somos lo que somos o somos la imagen de otra cosa (y no hablo de Gn 1 sino de Arístocles, el de las "espaldas anchas"). Y se comienza la discusión entre esencia (lo que es el ser) y existencia (la manifestación del ser).

El platonismo, hecho carne cristiana y medieval, manifestaba lo negativo de la existencia en este mundo frente a lo positivo de lo trascendente. De ahí la proyección de todo interés en el más allá, en el cielo. Este mundo era algo pasajero y el interés máximo de la existencia se enfocaba en lo venidero. Ellos podían argumentar: "¿No lo dice Qohelet? Todo es vanidad".

La llegada de la Ilustración y, posteriormente, la Modernidad se intenta independizar de esos conceptos y comienza la liberación de la existencia. Había existencialistas que tomaban el concepto de existencia de partida y que procuraban alcanzar la trascendencia (¡Ay si pidiera Jaspers derechos por ser ideólogo de los manuales de autoayuda!). Otros no. Es el caso de los existencialistas franceses o de M. Heidegger. El origen y el destino del hombre es la existencia. No hay nada más, es más, lo más es la nada.

El objetivo de Heidegger era comprender al hombre y, según él, donde se capta mejor es en el Dasein (literalmente, "ser-ahí") vamos, "es lo que hay". Y lo que hay es que al final llega la muerte (Sein zum Tode). Hay, por tanto, dos maneras de enfrentarse a esta realidad: evitar el final (y él la llama "existencia inauténtica") o anticiparse a dicho final ("existencia auténtica"). La primera actitud (erwarten) genera miedo, la segundad (vorlaufen) responsabilidad.

Qohelet nos coloca en la misma plataforma. Hay lo que hay y eso se debe enfrentar. Comprensiones hedonistas del libro generan confusión, comprensiones derrotistas también. Hay una gran diferencia, sin embargo, entre Heidegger y Qohelet. Mientras el primero hace que la existencia flote sobre la nada, Qohelet la coloca sobre el Todo. Nihilismo versus totalismo.

Es fácil ponerse en la piel de esos pensadores del siglo XX que padecieron dos guerras mundiales, que vieron la pasividad de las religiones nacionales, que creyeron en "mentalidades fuertes" y que vieron su estrepitosa caída. Yo, en su lugar, también creería que, al final, no queda nada. Pero soy adventista y mi plataforma filosófica es otra. Creo en el conflicto cósmico.

Caldarium (Esto está que arde)

Se acaba de estrenar en español "el Libro de Eli". Podríamos catalogarlo como un producto más de un género pictórico que siempre tiene éxito (desde los manuscritos iluminados hasta el hastío del 3D): el apocalipticismo. Lo que pudiera ser sorprendente, que le ha valido el título de obra fundamentalista, es que el portador no vive o comprende lo portado. Pero ha sido así en muchas ocasiones. Incluso en las nuestras.

Al encontrarnos ante Qohelet debemos enfrentarnos ante nuestro Dasein. ¿Es mi existencia auténtica? No hago referencia a los sermones de derrotistas contra los hedonistas o a las tertulias de los hedonistas contra los derrotistas. No hablo de erwarten. Eso está claro. Tanto placer como sufrimiento pueden ser evitaciones de la realidad. Hablo de que no perdamos el tiempo con disquisiciones sobre la esencia (entiéndase abstracciones, teorías o formas religiosas) en lugar de percibir la existencia y anticiparnos con la solución real. La pregunta no es tanto si portamos el Libro o no, sino, ¿lo consideramos un libro o lo consideramos vida? Qohelet, por tanto, no es un texto (objeto, literatura) que habla de la vida, es la vida.

Hoy [2 de abril] es día de efemérides. La primera me recuerda el nacimiento hace 205 años de Hans Christian Andersen. Su infancia fue tan extrema que recurrió a la imaginación como canal de soluciones. ¡Cuántos recuerdos maternos se albergaban en "la pequeña cerillera"! Me parece que, al hilo del tema, debiera hacer referencia a "El traje nuevo del emperador". Todos lo conocemos así que evito el abstract y me permito preguntar sobre las "abstracciones": Plan de cinco..., 40 madrugadas..., la lectura de los 7 días..., 8 pasos para..., ¿los métodos son la "existencia auténtica"? ¿La liturgia debe ocupar el lugar de la vivencia? ¿El nivel espiritual se mide por la "cantidad" de lectura, oración o respuesta a las responsabilidades eclesiásticas? Creo que nos han vendido el traje que no es traje y nos aterroriza enfrentarnos a lo que sea por temor a lo que no sea. La religión no es ritual ni reliquia sino relación, relación-anticipación con Todo y con todos.

Laconicum (Sudando la gota gorda)

La verdadera sabiduría del texto bíblico no se pregunta qué sino quién. Qohelet nos lleva a Quien porque es donde el Dasein tiene coherencia. No hablamos de qué es el ser sino quién lo es, ni de qué es la existencia sino quién es.

Os escribo estas líneas un viernes santo (o viernes de pascua por si alguien tiene algún prurito). Esa es la segunda de las efemérides: la cruz. La cruz es el lugar donde se capta la existencia auténtica en su máxima expresión, donde todas las cosas tienen sentido (Col 1,20), lo de la tierra y el cielo, lo físico y lo metafísico. El Quien en la cruz se enfrenta a la nada, Dios frente al vacío, la vida frente a la muerte. El Todo colgado por todos es la mayor concreción de la existencia. No hay evitación ni huída sino responsabilidad y entrega. Quizá esta última palabra sea el término clave porque resume una vida con sentido: encontrarse a uno mismo al darse a los demás. Y Jesús lo hizo.

Hasta los colores se enmudecieron y se cubrió de grises la colina. El sol se opacó de vergüenza, la luna llena emblanqueció de tristeza. Y una neblina, cual vapor, cubrió la escena. Allí, desnudo, torturado, débil, se anonadó. Y la gracia de millones de universos se humilló hasta el madero. Nada parecía tener lógica. Trocó cariño por dolor, bondad por desprecio, afecto por burlas, salud por enfermedad. Y lo hizo con gozo. Fue la tarde de mayor temperatura de la historia y el Cristo sudó sangre.

Libertador San Martín, viernes de pascua del 2010

Víctor M. Armenteros
Universidad Adventista del Plata

[1] Aunque las formas podían tener pequeñas alteraciones, las termas romanas se dividían en varias secciones que incrementaban progresivamente la temperatura. La primera era el apodyterium un lugar donde se dejaba la ropa y se tomaba una especie de gran toalla (pensad que los baños se repartían, usualmente, los días de la semana por géneros para evitar situaciones impropias de las termas). La palaestra era un espacio abierto en el que se realizaban algunos ejercicios previos, algo tan común y necesario para un buen deportista de hoy en día ya era usual en nuestros ancestros romanos. Tercera sección, el tepidarium o zona templada, se inicia el calentamiento de las cámaras para que el choque no sea tan intenso. Cuarta sección, caldarium o zona caliente. Laconiumera la sala donde estaba el vapor y también se la denominaba sudarium(el nombre es evidente). Seguiremos esta ruta arquitectónica en el devenir de nuestras reflexiones.

[2] Martin Shuster, "Being and Breath, Vapor as Joy: Using Martin Heidegger to Re-read the Book of Ecclesiastes", JSOT nº 32.2 (2008):219-244.