jueves, 16 de abril de 2009

Una reflexión sobre Dios

Dios no deja de estar, ni de actuar aunque no siempre le percibamos como tal. La acción de lo bueno no espera la comprensión del receptor. Estar ahí por convicción, a pesar de las reacciones, es la mecánica divina.

EL MIMO DE LOS TIEMPOS

 

¡resoplas serpenteantes movimientos!

 

Eres el mimo de los tiempos

con tu cara blanca,

con tus ojos tiernos.

 

Te sonrojas entre las montañas

cuando a la catedral vuelan los cuervos,

cuando tus níveas barbas

se hacen espuma, algodón, sueños.

 

Como todas las tardes llegas al alma

con tus recatados y amables gestos,


 
con los mirlos que se engalanan

cantando adioses al invierno.

 

A fuerza de brotes con el sauce hablas,

con el olmo que se eleva callado y quieto,

con la hiedra que se enzarza

en verdes y complicados enredos.

 

Al fondo, los ecos de una campana

suspiran por agarrarte dentro,

por tener la receta sagrada

de tus cotidianos movimientos.

Cuidas, sigiloso, tus mesnadas

como la gallina a sus polluelos.

Das a la vida ritmo,

al pimpollo savia,

azul al cielo.

 

Eres el mimo de los tiempos,

el de las manos horadadas

por sus pequeños,

el de las pocas palabras,

el de los muchos hechos,

el de las tardes en casa

cuando se aleja el invierno.